Post efímero: licencia de un domingo 1 de mayo y día de la madre

conciliant

Mi compañera de despacho, Mònica Tornadijo, madre excepcional, docente y  abogada especialista en derecho civil,  de familia, laboral (conciliación, maternidad, etc) y más ,  siempre lo comenta con las clientes que vienen apuradas con sus hijos a hacernos consultas jurídicas, no te preocupes, aquí estamos acostumbrados a tratar con niños.

Y no solo eso, sino que estamos acostumbrados a tener niños en el despacho. Situación que se dará,  por mi parte, cada vez menos. Porque cuando eres madre, autónoma,  trabajadora y  tienes sobre la mesa la preinscripción a P3, ves una luz al final del túnel que se hace más luminosa a medida que pasan las semanas. Lo más complicado, ya ha pasado.  Y, en mi caso, que por decisión personal ya no hay intención de volver a ser madre, también es el final de una difícil etapa por lo que respecta a la “conciliación”.

Respeto absoluto por la decisión de cada familia de cómo organizarse para la crianza de los hijos. Cada uno se organiza como quiere y puede. Yo  jamás quise dejar de trabajar, lo tenía claro, aunque fuera a tiempo parcial. Ni siquiera hice más baja de maternidad que las 6 semanas que me obligaban por Ley (por necesidad económica – lo de las autónomas y la baja de maternidad da para otro post-  y por opción).

Y he sobrevivido laboralmente estos años gracias a los malabarismos de agenda cuadrando horarios y especialmente por tener una familia muy extensa y muy dispuesta a echar una mano siempre que ha hecho falta y – cuando hace un par de años por motivos de salud la guardería por prescripción facultativa dejó de ser una opción -  también por contar con una canguro excepcional que me ha puesto las cosas fáciles.  Sin ellos, no hubiera sido posible.

Hoy, día de la madre y del trabajo, doy las gracias a jefes, clientes, compañeros y funcionarios de justicia varios- hombres y mujeres-  que no me juzgaron, que jamás pusieron objeción alguna a verme con una criatura en brazos (siempre cuando tocaba hacer algún trámite en el que fuera compatible ir acompañada, por supuesto). Gracias, jefes, clientes y compañeros,  también por soportar a veces mis horarios complicados, mis correos en sábado, domingo noches o madrugadas, a veces los únicos momentos en los que puedo poner al día los e-mails.  Y en el apartado de agradecimientos debería añadir al personal del ICAB, a Mossos e incluso a la Policía Nacional porque también en esto,  en temas de conciliación trabajo/crianza, cuando más lo necesité,  me echaron una mano…

Gracias a muchos de esos “jefes”, también, que  cuando aún no lo eran y no me conocían, jamás preguntaron por mis “cargas familiares” en ninguna de las entrevistas que me hicieron, y – alguna otra vez ya lo he contado- recuerdo especialmente como embarazadísima superé el proceso de selección de una gran empresa sin que en ningún momento hicieran el más mínimo comentario ni pregunta sobre mi barriga. Yo, que a cada cita iba preparada para explicarles que no había problema, que estaba todo organizado para que yo pudiera trabajar, no hizo falta.

Quien ha trabajado conmigo estos años sabe que ha sido así, decidme un día y una hora y allí estaré, jamás he dejado de acudir a un juicio, a una clase, a una cita porque lo he podido organizar con titular y suplente para que mi hija estuviera en las mejores manos.  Por ello, lo siento especialmente por los que no confiaron.  Fueron los menos, pero sí hubo algún cliente que cuando lo supo, dijo estar muy contento con el trabajo que había hecho hasta el momento pero creyó que ya no sería capaz de llevar su tema correctamente por el hecho de ser madre (literalmente así me lo dijo)  y cambió de abogado en mitad del procedimiento. Él, agente de policía, que precisamente acudía a mí por un tema de discriminación laboral….

Así que echo la vista atrás y veo que he tenido suerte:  a medio gas, pero con toda la ayuda que he tenido, he podido organizarme y realizar mi objetivo de no dejar de trabajar y también poder dedicarme a la crianza. No soy un caso excepcional, mi historia es la de muchas otras madres trabajadoras,  pero también sé sobradamente que no para todas es así. Ni todo el mundo tiene una familia cerca o un canguro que pueda apoyarle, ni hay plazas y horarios de guarderías y colegios adaptados a los terribles horarios laborales, ni hay siempre jefes, clientes o compañeros comprensivos.

Así que para acabar,  vuelvo a nombrar a mi compañera Mónica Tornadijo  y os paso un enlace de su blog del diari Ara sobre la – muchas veces imposible-  conciliación.  Estamos a vuestra disposición.

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